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que más subleva. No por otra razón nos ofenden en nuestra casa hasta las
cosas más pequeñas, y consideramos injuria la negligencia del amigo.
XXXI. «¿Por qué? dicen, somos tan sensibles a los ultrajes de un
enemigo. Porque no los esperábamos, o porque exceden a lo que esperamos.
Esto es efecto de excesivo amor propio: consideramos que debemos ser
inviolables hasta para nuestros enemigos. Cada cual tiene en su interior
pretensiones de rey, y quiere tener sobre los demás autoridad absoluta, sin
conceder ninguna sobre él. Así pues, la ignorancia de las cosas o la
presunción es lo que nos hace irascibles. La ignorancia ¿puede extrañarse
que los malvados realicen el mal? ¿Qué de particular tiene que un enemigo
perjudique, que un amigo ofenda, que un hijo se extravíe, que un esclavo
delinca? Fabio decía que era deplorable excusa para un general decir: No
pensé en ello: por mi parte creo que es deplorable para todo hombre. Piensa
en todo; prevelo todo: hasta en los caracteres mejores existen asperezas. La
naturaleza humana produce amigos insidiosos, produce ingratos, produce
codiciosos, produce impíos. En tus juicios acerca de las costumbres de uno
solo, piensa en las costumbres públicas: cuando te felicitas más, debes
temer más; cuando todo te parece tranquilo, no han desaparecido las
tempestades, sino que están adormecidas: piensa que siempre existe algo que
puede perjudicarte. El piloto no despliega nunca todas sus velas con
seguridad tan completa, que no estén preparadas las |
jarcias para replegarlas. Recuerda sobre todo que la pasión de dañar es
infame y odiosa, y completamente extraña a la índole del hombre, cuya bondad
dulcifica hasta las naturalezas más agrestes. Contempla al elefante doblando
la cabeza bajo el yugo, al toro dejando que impunemente monten en su lomo
mujeres y niños, a las serpientes deslizándose entre nuestras copas y
rodeando nuestros pechos con inocentes pliegues, y, en nuestras casas,
leones y osos abriendo ante nuestras manos bocas pacíficas y prodigando
caricias a sus amos: vergüenza sería haber cambiado con los animales las
costumbres. Crimen es dañar la patria, por consecuencia también a un
ciudadano, que es parte de la patria. Cuando el todo es sagrado, la parte
tiene derecho al respeto; luego el hombre es sagrado, porque es tu
conciudadano en la gran ciudad. ¿Qué sucedería si las manos quisiesen dañar
a los pies y los ojos a las manos? Así como todos los miembros deben estar
de acuerdo, porque a todos interesa la conservación de cada uno, así también
los hombres deben socorrerse recíprocamente, porque han, nacido para vivir
en común: y no puede salvarse la sociedad sin el amor y mutuo apoyo de cada
una de sus partes. No aplastaríamos ni a las víboras y serpientes de agua,
funestas por sus golpes y mordeduras, si pudiésemos domesticarlas como a los
otros animales, e impedirles que fuesen dañosas para nosotros y para los
demás. Así también no castigaremos al hombre porque pecó sino para que no
peque más; y en sus penas, la ley no atiende a lo pasado, sino a lo
porvenir; porque no se irrita sino
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