|
manera? ¿Ganamos algo con condenar? El mejor remedio para la ira es el
tiempo. No le pidas al principio que perdone, sino que juzgue; si espera, se
disipa. No trates de comprimirla de un solo golpe; su primer arrebato es
demasiado enérgico; pero se la vence por completo si se le ataca por partes.
XXIX. De las cosas que nos ofenden, unas nos las refieren, otras las
oímos o vemos nosotros mismos. En cuanto a las que nos refieren, no debemos
apresurarnos a creerlas. Muchos mienten para engañar, otros porque están
engañados. Este acrimina para captarse benevolencia. y supone la injuria
para mostrarnos interés; aquél, por desconfianza, intenta romper íntimas
amistades, y no falta quien, por malicia, goza en contemplar desde lejos y
sin peligro la lucha de los que lleve a la discordia. Si tuvieses que juzgar
en un litigio sobre cantidades pequeñas, sin testigo, nada se te probaría;
sin juramento el testigo no valdría; a las dos partes otorgarías dilación,
concederías tiempo, oiríaslas más de una vez, porque la verdad brilla tanto
más cuantas más veces nos ha pasado por las manos. ¿Y al amigo le condenas
en el acto, sin oírle, sin interrogarle? ¿Antes de que pueda conocer su
acusador o su delito, te irritas contra él? ¿Conoces en el acto la verdad?
¿Has oído lo que dirán el uno y el otro? El mismo que te lo refirió
desistirá de ello si tiene que probarlo. -No me descubras, te dirá si me
nombras, lo negará todo: nunca te dirá ya nada. -Al mismo tiempo que te
excita, se sustrae de la lucha y el combate. Quien solamente en secreto
quiere
|
hablarte, casi no habla. ¿Qué cosa más inicua que creer en secreto e
irritarse en público?
XXX. De algunas cosas somos testigos nosotros mismos. En este caso,
examinemos el carácter e intención de los que las hacen. ¿Es un niño? se
perdona a la edad; ignora, si hace daño. ¿Es un padre? o nos ha hecha
bastante bien para adquirir derecho a una ofensa, o tal vez es un favor más
el que tomamos por injuria. ¿Es una mujer? se engaña. ¿Es por mandato?
¿Quién podría, sin injusticia irritarse contra la necesidad? ¿Es por
represalia? no se te injuria si sufres lo que tú has hecho sufrir antes. ¿Es
un juez? respeta más su sentencia que la tuya. ¿Es un rey? si te castiga
culpable, cede a la justicia; si inocente, cede a la fortuna. ¿Es un animal
irracional u otro ser parecido? te haces semejante a él irritándote. ¿Es una
enfermedad, una calamidad? más pronto pasará si la soportas. ¿Es un dios?
pierdes el trabajo irritándote contra él, lo mismo que al invocar su cólera
contra otro. ¿Es un varón justo el que le ha injuriado? no lo creas. ¿Es un
malvado? no te asombres; otro le castigará por lo que te ha hecho; y ya lo
está por la falta misma que ha cometido. Dos circunstancias, como dije,
excitan la ira: primera, si creemos que se nos ha injuriado: sobre ésta ya
hemos dicho bastante; segunda, cuando nos parece que ha sido injustamente:
de ésta vamos a ocuparnos. Los hombres consideran como injustas ciertas
cosas que no merecen sufrir u otras que no esperaban. Consideramos inicuo lo
improvisto; así es que lo que ocurre contra lo que esperábamos es lo
|
 |