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debe prohibir el vino. Platón cree que debe negarse a los niños, y prohíbe
alimentar el fuego con el fuego. Tampoco se los debe sobrecargar de
alimentos que dilatan el cuerpo, porque los espíritus se entumecen con
ellos. El trabajo debe ejercitarles sin fatigarles, de manera que disminuya
su calor sin extinguirse y su excesivo ardor arroje la espuma. También son
útiles los juegos, porque moderados placeres aflojan y dulcifican los
ánimos. Los temperamentos húmedos, secos y fríos no están expuestos a la
ira, pero han de temer defectos más grandes, la cobardía, irresolución,
abatimiento y desconfianza.
XXI. Estos caracteres necesitan blandura y dulzura, que les lleven a
la alegría. Y como han de emplearse contra la ira diferentes remedios que
contra la tristeza, y estos defectos exigen tratamientos no solamente
diversos sino contrarios, combatiremos siempre al más saliente. Mucho
importa, repito, que los niños reciban desde muy temprano saludable
educación. Tarea difícil es esta, porque debemos atender a no alimentar en
ellos la ira y a no embotar su ánimo. Este asunto reclama diligente
observación. Tanto lo que conviene cultivar como lo que se necesita
extinguir, se nutre de los mismos alimentos, y lo semejante con facilidad
engaña hasta al más atento. El espíritu abusa de la licencia; se deprime en
la servidumbre; los elogios le exaltan inspirándole noble confianza en sí
mismo, pero al mismo tiempo engendran la insolencia y la irascibilidad.
Necesario es, pues, mantener al niño igualmente alejado de ambos extremos, a
fin de poder emplear unas veces el freno y otras el aguijón,
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y no se le imponga nada humillante ni servil. Que nunca necesite pedir
suplicando, ni le aproveche la súplica; que nada se le da sino por
consideración de él mismo, de su conducta pasada o buenas promesas para el
porvenir. En sus luchas con los compañeros, no se consienta que sea vencido
ni que se encolerice; procuremos que sea amigo de aquellos con quienes
acostumbra rivalizar, con objeto de que en los certámenes se acostumbre, no
a herir, sino a vencer. Cuantas veces triunfe o haya realizado algo
laudable, dejémosle que se gloríe, pero que no se aplauda con exceso, porque
la alegría lleva a la embriaguez, la embriaguez al orgullo y a elevada idea
de sí mismo. Concederémosle algún descanso, pero no le dejaremos ablandarse
en la ociosidad y la pereza, y le mantendremos alejado del contacto de las
voluptuosidades. Nada hace tan irritable como educación blanda y
complaciente, y por esta razón cuanta más indulgencia se tiene con un hijo
único, cuanto más se concede a un pupilo, más se corrompe su ánimo. No
soportará una ofensa aquel a quien nunca se negó nada, aquel cuyas lágrimas
enjugó siempre tierna madre, que constantemente tuvo razón contra su
pedagogo. ¿No ves que las riquezas más grandes van acompañadas siempre de
las iras mayores? Este vicio se muestra principalmente en los ricos, en los
nobles, en los magistrados cuando la fortuna hincha y levanta todo lo que
hay de vano y frívolo en el corazón. La prosperidad alimenta la cólera,
cuando la muchedumbre de aduladores asalta los oídos del soberbio y le dice:
No te mides por tu altura,
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