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Además, el que los vicios hayan producido a las veces algún bien, no se sigue que haya de adoptarse su uso; porque la fiebre cura algunas enfermedades, pero no por ello deja de ser preferible no haberla tenido jamás. Detestable remedio es deber la salud a la enfermedad. De la misma manera, porque la ira haya sido provechosa alguna vez por casualidad, como puede acontecer con el veneno, una caída, un naufragio, no debe, sin embargo, creerse como absolutamente saludable, porque también ha salvado alguna vez la peste.

 

        XIII. Además, todo aquello que se cuenta entre los bienes es tanto mejor y tanto más deseable cuanto se encuentra más desarrollado. Si la justicia es un bien, nadie dirá que es mejor si se la cercena una parte: si el valor es un bien, nadie deseará que se le suprima algo: luego de la misma manera cuanto mayor sea la ira, mejor será ¿Quién rehusará el aumento de un bien? Es así que su aumento es inútil, luego también su existencia. No es bien aquello que al desarrollarse es un mal. -La ira es útil, dicen, porque da atrevimiento en los combates. -Lo mismo debe decirse de la embriaguez, porque hace insolentes y audaces, debiéndole muchos su valor. También habrá de decirse que el frenesí y el delirio son necesarios a la fuerza, porque la locura las aumenta. ¡Cómo! el miedo mismo, ¿no ha inspirado algunas veces audacia por sentimiento contrario? Y el temor de la muerte, ¿no ha lanzado a los más cobardes al combate? Pero la ira, la embriaguez, el miedo y todo sentimiento de igual naturaleza, son móviles

vergonzosos y precarios; no robustecen la virtud, que no necesita de los vicios, y solamente algunas veces levantan algo un ánimo cobarde y débil. Ninguno es animoso antes sin ella. Así pues, no viene en auxilio del valor, sino a reemplazarle. ¡Cómo! si la ira fuese un bien, ¿no la veríamos en los más perfectos? pero los más irascibles son los enfermos, los ancianos y los niños, y todo ser débil es por naturaleza batallador.

 

        XIV. «Imposible es, dice Teofrasto, que el varón bueno no se irrite contra los malvados. Según esto, cuanto mejor sea el hombre, más irascible será  Considera, por el contrario, si no es más dulce y se encuentra más libre de toda pasión y de todo odio. ¿Por qué? Ha de odiarse a los que obran mal si le arrastra el error. No es propio del sabio odiar a los que se extravían: de otra manera, se odiaría sí mismo. Recuerde cuántas cosas ha hecho contra la ley del deber, cuántas acciones suyas necesitan indulgencia, y tendrá que irritarse contra sí mismo, porque el juez equitativo de la misma manera sentencia en su propia causa que en la ajena. No se encuentra ninguno que pueda ser completamente absuelto, y todo aquel que se proclama inocente, acuda al testimonio de los demás y no a su conciencia. ¿No es más humanitario mostrar a los que pecan sentimientos dulces y paternales, atraerlos antes que perseguirlos? Si se extravía uno por los campos porque ignora el camino, mejor es llevarle al buen sendero que expulsarle. Necesario es corregir al que delinque, por la reprensión, y por la fuerza, y por

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