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abismo, si Fabiano hubiese intentado lo que le aconsejaba la ira. Pero
atendió al bien público, y calculando sus recursos, de los que ni uno solo
podía arriesgar sin arriesgarlo todo, prescindía de resentimientos y
venganzas. Atento solamente a aprovechar las ocasiones, venció la ira antes
de vencer a Aníbal. ¿Qué hizo Scipión? Alejándose de Aníbal, del ejército
púnico y de todo aquello que debía irritarle, llevó la guerra al África con
lentitud tan calculada, que la envidia puede acusarle de molicie e
indolencia. ¿Qué hizo el otro Scipión? ¿No se mantuvo con perseverante
obstinación alrededor de Numancia, soportando con firmeza aquel dolor tan
personal como público de ver a Numancia más lenta para caer que Cartago? Y
entre tanto estrecha y encierra al enemigo hasta reducirlo a sucumbir ajo su
propia espada.
XII. No es, por consiguiente, útil la ira en los combates ni en la
guerra, porque es pronta para la temeridad y no sabe evitar los peligros en
que se compromete. El verdadero valor es siempre circunspecto, se previene y
avanza con reflexión.-¡Cómo! El varón honrado, ¿no se irritará si ve
maltratar a su padre o arrebatar a su madre? -No se irritará pero correrá a
libertarles y defenderles ¿Crees acaso que la piedad filial no sea móvil
bastante poderoso hasta sin ira? De la misma manera puedes decir:-¡Cómo! El
hombre honrado, si ve a su padre o a su hijo bajo el hierro del operador,
¿no llorar? ¿No caerá desmayado? -Esto es lo que vemos acontecer a las
mujeres siempre que les asalta la sospecha de
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leve peligro. El varón honrado cumple, sus deberes sin turbación ni temor, y
no hará nada que sea indigno del hombre. ¿Quieren matar a mi padre? le
defenderá ¿Le han dado muerte? le vengará por deber, no por resentimiento.
Cuando nos opones estos argumentos, oh Teófrato quieres hacer odiosos
preceptos enérgicos, y abandonando al juez te diriges a la multitud: porque
todos se irritan cuando los suyos corren riesgos de este género, crees que
todos los hombres decidirán que debe hacerse lo que ellos hacen, porque casi
siempre se justifica aquel sentimiento que reconocemos en nosotros mismos.
Los varones honrados se irritarán si se ultraja a los suyos; pero no harán
lo mismo si no se les sirve bastante caliente una bebida, si rompen una copa
o les salpican de lodo el calzado. Estas iras no las provoca el cariño, sino
la debilidad, y por esta razón lloran los niños la pérdida de sus padres
como la de un juguete. Irritarse por los propios no es de ánimo piadoso,
sino enfermo. Lo bello, lo digno es mostrarse defensor de los padres, de los
hijos, de los amigos, de los conciudadanos, ante la voz del deber; defensor
voluntario, reflexivo, previsor, y no ciego y furioso. No hay pasión tan
ávida de venganza como la ira, y por lo tanto, en su loca precipitación,
menos a propósito para vengarse; siendo semejante a las demás pasiones que
se entorpecen a sí mismas para conseguir aquello que pretenden. Así pues,
nunca es buena la ira ni en paz ni en guerra, porque hace la paz semejante a
la guerra, y en las armas olvida que Marte ofrece, probabilidades comunes, y
cae en poder de otro porque no tiene poder sobre sí mismo. |
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