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ya la ley del vencido. Porque el ánimo no permanece ahora apartado ni vigila
desde fuera las pasiones para impedirlas llegar más allí de lo conveniente,
sino que se identifica con ellas, y por esta razón no puede ya recoger en sí
mismo esta fuerza útil y saludable que él mismo ha vendido y paralizado.
Porque, como ya he dicho, cada cosa de estas no tiene sitio distinto y
separado, sino que la razón y la pasión no son más que modificaciones del
alma en bien o en mal.-Pero, dicen, hombres hay que se contienen en la
ira.-¿Acaso no haciendo nada de lo que la ira les aconseja o escuchándola en
algo? Si nada hacen, claro es que no es necesaria la ira para impulsarnos a
obrar, mientras que vosotros la invocáis como si tuviese algo más poderoso
que la razón. Además, yo pregunto: ¿es más fuerte que la razón o más débil?
Si es más fuerte, ¿cómo puede señalarle límites la razón, cuando solamente
la impotencia acostumbra obedecer? Si es más débil, la razón puede bastarse
sin ella para alcanzar sus fines y para nada necesita auxilios de lo que es
débil.-Pero existen iracundos que se dominan y contienen.-¿De qué manera?
Cuando la ira se ha extinguido ya y disipado por sí misma; no cuando está en
su efervescencia, porque entonces es soberana.-¿Cómo? ¿No se despide
incólumes algunas veces a aquellos a quienes se odia, absteniéndonos de
causarles daño?-Sin duda; pero ¿cuándo? Cuando una pasión combate a otra y
el miedo o la avidez consiguen alguna ventaja: esta templanza no es
beneficio de la razón, sino tregua pérfida e inconstante de las pasiones.
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IX. La ira, en fin, nada útil tiene en sí nada que impulse al ánimo a las
cosas bélicas; porque nunca se apoya la virtud en el vicio, bastándose a sí
misma. Cuantas veces necesita realizar esfuerzos, no se irrita; irguese, y,
según lo considera necesario, se anima o se calma; así pues, cuando las
máquinas lanzan los dardos, su alcance depende del que los dirige. «La ira,
dice Aristóteles, es necesaria; de nada se triunfa sin ella, si no llena al
alma, si no calienta al corazón; debe, pues, servirnos, no como jefe, sino
como soldado? Esto es falso. Porque si escucha a la razón y se deja conducir
a donde la llevan, ya no es ira, cuyo carácter propio es la rebelión. Si
resiste, si arrastrada por sus caprichos y presunción no se detiene cuando
se la manda, es para el alma un instrumento tan inútil como el soldado que
no obedece a la señal de retirada. Si pues soporta que se le imponga freno,
necesario es darla otro nombre, porque deja de ser ira, que solamente
comprendo como violenta e indomable; si no lo soporta, es perniciosa y no
puede contarse entre los auxiliares. Luego o no es ira o es inútil. Porque
si alguno castiga, no por sed de castigar, sino porque debe hacerlo, no debe
contársele entre los iracundos. Soldado útil es el que sabe obedecer la
orden; pero las pasiones son instrumentos tan malos como malos guías. Así
pues, la razón nunca tomará por auxiliares impulsos tan imprevisores como
desordenados, sobre los cuales no tendría autoridad alguna y que solamente
podrá reprimir oponiéndoles impulsos semejantes, como el miedo a la ira, la
ira a la inercia, la avidez al temor.
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