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muchos bienes, sino  el hollarlos, dándote estatuas y pinturas y todo aquello que el arte labra  en plata y oro para servir a la destemplanza, de estas mismas cosas  aprenderás a codiciar más. Los deseos naturales son finitos, y al  contrario, los que se originan de falsa opinión no tienen fin; porque a lo  falso no hay límites, habiéndole para la verdad. Apártate, pues, de las  cosas vanas, y cuando quieras conocer si el deseo que tienes es natural o  ambicioso, considera si tiene algún término fijo donde parar, y si después de haber pasado muy adelante le quedare alguna parte más lejos a donde  aspire, entenderás que no es natural. La pobreza está despejada, porque está segura y sabe que cuando se tocan las cajas, no la buscan; cuando es  llamada a alguna parte, no cuida de lo que ha de llevar, sino cómo ha de  salir. Y cuando ha de navegar, no se inquietan las riberas con estruendo ni acompañamiento, no le cerca la turba de hombres, para cuyo sustento sea necesario desear la fertilidad de las provincias transmarinas. El  alimentar a pocos estómagos, que no apetecen otra cosa más que el sustento natural, es cosa fácil. El hambre es poco costosa y es lo mucho el fastidio.  La pobreza se contenta con satisfacer a los deseos presentes. Sano está el  rico, que si tiene riquezas, las tiene como cosas que le tocan por  defuera. ¿Pues por qué has de rehusar tener por compañera a aquella cuyas  costumbres imita el rico que se halla sano? Si quieres estar desocupado y  librar el ánimo, conviene que desees ser pobre, o al menos, semejante a  pobre. No puede haber estudio saludable sin que intervenga cuidado de la  frugalidad, y ésta es una voluntaria pobreza que muchos hombres la  sufrieron, y muchos reyes bárbaros vivieron con solas raíces, pasando una  hambre indigna de decirse, y esto lo  padecieron  por  e  reino,  y  lo que  más  admiración  te

causará es el padecer por reino ajeno. En las adversidades  es cosa fácil despreciar la vida; pero el que puede sufrir la calamidad,  ése muestra mayor valentía. ¿Habrá quien dificulte el sufrir hambre por  librar su ánimo de frenesí? A muchos les fue el adquirir riquezas, no fin  de las miserias, sino mudanza de ellas; porque la culpa no está en las cosas, sino en el ánimo. Esto mismo que hizo no fuese grave la pobreza, hará que lo sean las riquezas. Al modo que al enfermo no le es de consideración ponerle en cama de madera o de oro, porque a cualquiera que le mudes, lleva consigo la enfermedad; así tampoco hace al caso que el ánimo enferme en riquezas o en pobreza, pues siempre le sigue su indisposición. Para estar con seguridad no necesitamos de la fortuna,  aunque se muestre airada; que para lo necesario cualquier cosa es  suficiente. Y para que la fortuna no nos halle desapercibidos, hagamos que  la pobreza sea nuestra familiar. Con más detención nos haremos ricos, si  llegáremos a conocer cuán poco tiene de incomodidad el ser pobres.  Comienza a tener amistad con la pobreza; atrévete a despreciar las  riquezas, y luego te podrás juzgar sujeto digno para servir a Dios, porque  ninguno otro es merecedor de su amistad sino el que desprecia las  riquezas. Yo no te prohíbo las posesiones; pero querría alcanzar de ti que  las poseas sin recelos, lo cual conseguirás con sólo juzgar que podrás  vivir sin tenerlas, y si te persuadieres a recibirlas como cosas que se te  han de ir, aparta de tu amistad al que no te busca a ti por ti, sino  porque eres rico. La pobreza debe ser amada, porque te hace demostración  de los que te aman. Gran cosa es no pervertirse el ánimo con la  familiaridad de la riqueza, y sólo es grande aquel que, poseyendo mucha  hacienda, es pobre. Nadie nació rico,  porque  a los que  vienen al mundo se  les

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