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manda vivan contentos con leche y pan, y de estos principios nos  reciben los reinos; porque la naturaleza no desea más que pan y agua, y para conseguir esto nadie es pobre; y el que pusiere límite a sus deseos, podrá competir con Júpiter en felicidad; porque la pobreza, ajustada con  las leyes de la naturaleza, es una riqueza muy grande; y al contrario, la  riqueza grande es una continua inquietud, que desvaneciendo el cerebro, le  altera, haciendo que en ninguna cosa esté firme: a unos irrita contra  otros, a unos llama a la potencia, y a otros hace desvanecidos, y a muchos  afeminados. Y si quieres averiguar que en la pobreza no hay cosa que sea  mala, compara a los pobres con los ricos, y verás que el pobre se ríe más  veces y con risa más verdadera, porque no estando combatido de cuidados,  se ve en tal altura, donde los que vienen se le pasan como ligera nube. Y  al contrario, la alegría de aquellos que juzgamos felices es fingida, que  aunque con gravedad resplandecen en la púrpura, sin descubrir en público  sus tristezas, son por esa causa mayores, por no serles lícito publicar  sus miserias, siéndoles forzoso mostrarse felices entre las calamida-des  que les oprimen el corazón. Las riquezas, los honores, los mandos y todas  las demás cosas que por opinión de los hombres son estimadas, abstraen de  lo justo. No sabemos estimar las cosas, de cuyo valor no hemos de hacer  aprecio por la fama, sino por la naturaleza de ellas. Y éstas no tienen  cosa magnífica que atraiga a sí nuestros entendimientos más de aquello de  que solemos admirarnos; porque no las alabamos porque ellas son dignas de apetecerse, sino apetecémoslas porque han de ser alabadas. Tienen las riquezas esta causa antecedente, que ensoberbecen el ánimo, engendran soberanía y arrogancia, con que despiertan  la envidia,  y de tal manera enajenan el

entendimiento, que aun sola la opinión de ricos nos alegra, siendo muchas veces dañosa. Conviene, pues, que todos los bienes carezcan de culpa; que los que son de esta manera son puros y no corrompen ni distraen el ánimo, y si lo levantan y deleitan, es sin recelos; porque las  cosas buenas engendran confianza, y las riquezas entendimiento. Las cosas  buenas dan grandeza de ánimo, y las riquezas dan insolencia.  

 

 

Sobre la felicidad

 

Séneca

 

Capítulo 1

La opinión común y el acierto

 

Todos los hombres, hermano Galión, quieren vivir felices, pero al ir a descubrir lo que hace feliz la vida, van a tientas, y no es fácil conseguir la felicidad en la vida, ya que se aleja uno tanto más de ella cuanto más afanosamente se la busque, si ha errado el camino, si éste lleva en sentido contrario, la misma velocidad aumenta la distancia. Hay que determinar, pues, primero lo que apetecemos; luego se ha de considerar por dónde podemos avanzar hacia ello más rápidamente, y veremos por el camino, siempre que sea el bueno, cuánto se adelanta cada día y cuánto nos acercamos a aquello que nos impulsa un deseo natural. Mientras erremos de acá para allá sin seguir a otro guía que los rumores y los clamores discordantes que nos llaman hacia distintos lugares,  se consumirá entre  errores  nuestra  corta

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