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frecuentemente te ocurra la memoria de tu hermano para
celebrarle en las conversaciones y para tenerle presente con la continua
recordación. Conseguiráslo si hicieres que su memoria te sea agradable y no
dolorosa, porque es cosa natural el huir siempre el ánimo de aquello a que
va con tristeza. Pon el pensamiento en su modestia; ponle en la taza que
para todas las cosas tenía; ponle en la industria con que las ejecutaba y,
finalmente, en la constancia de lo que prometía. Cuenta a otros todos sus
dichos, celebra sus hechos acordándote de ellos. Acuérdate qué fue y lo que
se esperaba había de ser; porque de tal hermano, ¿qué cosa no se podía
esperar con seguridad? Estas cosas he compuesto en la forma que he podido
con mi ánimo desusado y entorpecido en este tan apartado sitio; y si
pareciere que satisfacen poco a tu ingenio o que remedian poco tu dolor,
considera que no socorren con facilidad las palabras latinas al que atruena
la descompuesta y pesada vocería de bárbaros.
Libro séptimo: De la pobreza
Compuesto de varias sentencias Epicuro dijo que la honesta pobreza era una
cosa alegre; y debiera decir que siendo alegre, no es pobreza; porque el
que con ella se aviene bien, ese solo es rico, y no es pobre el que tiene
poco, sino el que desea más; pues aprovecha poco al rico lo que tiene
encerrado en el arca y en los graneros, los rebaños de ganado y la cantidad
de censos, si tras eso anhela lo ajeno, y si tiene el pensamiento, no sólo
en lo adquirido, sino en lo que codicia adquirir. Pregúntasme cuál será el
término de las riquezas. Lo primero es tener lo necesario, y lo segundo
poseer lo que basta. No habrá quien goce de vida tranquila
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mientras cuidare con demasía de aumentar su hacienda, y ninguna aprovechará
al que la poseyere, si no tuviere dispuesto el ánimo para la pérdida de
ella. Por ley de naturaleza se debe juzgar rico el que goza de una
compuesta pobreza, pues ella se contenta con no padecer hambre, sed, ni
frío. Y para conseguir esto no es necesario asistir a los soberbios
umbrales de los poderosos, ni surcar con tempestades los no conocidos
mares, ni seguir la sangrienta milicia; pues con facilidad se halla lo que
la naturaleza pide. Para lo superfluo y no necesario se suda; por esto se
humillan las garnachas, y esto es lo que nos envejece en las pretensiones y
lo que nos hace naufragar en ajenas riberas. Porque lo suficiente para la
vida, con facilidad se halla; siendo rico aquel que se aviene bien con la
pobreza, contentándose de una honesta moderación. El que no juzga sus cosas
muy amplias, aunque se vea señor del mundo, se tendrá por infeliz. Ninguna
cosa es tan propia del hombre, como aquella en que no hay útil considerable
para quien se la quita. En tu cuerpo hay muy corta materia para robos; pues
nadie, o por lo menos pocos derraman la sangre humana por solo derramarla.
El ladrón deja pasar al desnudo pasajero, y para el pobre aun en los caminos
sitiados hay seguridad. Aquel abunda más de riquezas que menos necesita de
ellas. Y si vivieres conforme a las leyes de la naturaleza, jamás serás
pobre; si con las de la opinión, jamás serás rico; porque siendo muy poco
lo que la naturaleza pide, es mucho lo que pide la opinión. Si sucediere
juntarse en ti todo aquello que muchos hombres ricos poseyeron, y si la
fortuna te adelantare a que tengas más dinero del que con modo ordinario se
consigue, si te cubriese de oro y te adornase de púrpura, y te pusiere en
tantas riquezas y deleites, que no sólo te permita el
poseer
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