167_168
Ir al catálogo

continuamente combatiendo las olas por todas partes alteradas, y no por  eso le mueven de su puesto, ni con sus continuos acometimientos en tantos  siglos le deshacen. Acometed y asaltad con ímpetu, que con sufriros os he  de vencer. Todo aquello que se encuentra con las cosas firmes e  insuperables, prueba con daño suyo sus fuerzas: y así buscad alguna  materia blanda y sujetable en que se claven vuestras flechas. ¿Halláis por ventura desocupados para inquirir los males ajenos, y hacer censura de  cada uno, diciendo: ¿por qué este filósofo tiene tan grande casa, por qué  come tan espléndidamente? Miráis los ajenos lobanillos estando vosotros  llenos de llagas: como el que estando atormentado de lepra se ríe de las  verrugas o lunares de los cuerpos hermosos. Objetad a Platón que pidió  dineros, a Aristóteles que los recibió, a Demócrito que los despreció, a  Epicuro que los gastó; y objetadme a mí las costumbres de Alcibíades y  Fedro, que cuando llegares a imitar nuestros vicios seréis dichosos.  Pero mayor inclinación tenéis a los vuestros, que por todas partes os  hieren: los unos os cercan por defuera, y otros están ardiendo en vuestras  entrañas. No están las cosas humanas en estado (aunque conocéis poco el vuestro) que haya tan sobrado ocio que os dé tiempo para desplegar las  lenguas con oprobio de otros.» 

 

Capítulo XXVIII

 

«Vosotros no entendéis estas cosas, y mostráis el rostro diferente de  vuestra fortuna: como sucede a muchos, que estando sentados en el coso, o  en el teatro, está su casa con alguna muerte, sin que haya llegado el mal  a su noticia. Pero yo mirando desde alto veo las tempestades que amenazan,  y poco después han de romper en lluvias tan

vecinas, que si se acercaren  más, han de arrebatar a vosotros, o a vuestras cosas. ¿Qué diremos de  esto? Por ventura, aunque sentís poco, ¿no es un cierto torbellino el que  trae en rueda vuestros ánimos, poniéndoos estorbos cuando huís, y  arrebatándoos cuando buscáis las mismas cosas, ya levantándoos en alto, y  ya derribándoos a los abismos? ¿Por qué, pues, nos abonáis los vicios con  el común consentimiento?» Aunque no intentemos cosa alguna que no sea  saludable, con todo eso es conveniente el retirarse cada uno en sí mismo,  pues retirados seremos mejores. ¿Por qué, pues, no ha de ser lícito  allegarnos a algunos varones buenos, y elegir algún buen ejemplar por  donde encaminar nuestra vida? Entonces se podrá conseguir lo que una vez  agradó, cuando no interviniere alguno que ayudado del pueblo tuerza la  inclinación, que está débil; y entonces podrá continuar la vida, que la  desmembramos con diversísimos intentos. Porque entre los demás males, es  el más pésimo el andar variando de vicios, con lo cual aun nunca nos  sucede perseverar en la culpa conocida: un mal nos agrada, y nos fatiga  por otro; con lo cual nuestros juicios, no sólo son malos, sino mudables.  Andamos siempre fluctuando, y asiendo de unas cosas y de otras; dejamos lo  que pretendimos, y pretendemos lo que ya dejamos, andando en continuas  mudanzas entre nuestros deseos y nuestro arrepentimiento; y esto nace de  que estamos pendientes de ajenos pareceres, y tenemos por bueno aquello a  que vemos hay muchos que aspiran y muchos que lo alaban, y no aquello que  debiera ser pretendido y alabado; y no juzgamos si el camino que seguimos  es bueno o malo, sino por la cantidad de las huellas, sin que en ellas  haya alguna de los que vuelven. Dirá: ¿Qué haces, Séneca? ¿Apártate de  tu profesión? Ciertamente nuestros estoicos

167

168

Ir a primera página Retroceder una página Avanzar una página Ir a la última página
Ir a Pg.