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Sforza en Milán ha traído y traerá más sinsabores a la casa Sforza que todas
las revueltas que se produzcan en el Estado. Pero, en definitiva, no hay
mejor fortaleza que el no ser odiado por el pueblo, porque si el pueblo
aborrece al príncipe, no lo salvarán todas las fortalezas que posea, pues
nunca faltan al pueblo, una vez que ha empuñado las armas, extranjeros que
lo socorran.
En nuestros tiempos no se ha visto que hayan favorecido a ningún príncipe,
salvo a la condesa de Forli, después de la muerte del conde Jerónimo, su
marido; porque gracias a ellas pudo escapar al furor popular, esperar el
socorro de Milán y recuperar el Estado. Pero entonces las circunstancias
eran tales que los extranjeros no podían auxiliar al pueblo. Y después su
fortaleza de nada le sirvió, cuando César Borgia la asaltó y el pueblo se
plegó a él por odio a la condesa. Por lo tanto, mucho mis seguro le hubiera
sido, entonces y siempre, no ser odiada por el pueblo que tener fortalezas.
Consideradas, pues, estas cosas, elogiaré tanto a quien construya fortalezas
como a quien no las construya, pero censuraré a todo el que, confiando en
las fortalezas, tenga en poco el ser odiado por el pueblo.
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Capitulo XXI
COMO DEBE COMPORTARSE UN PRÍNCIPE
PARA SER ESTIMADO
Nada hace tan estimable a un príncipe como las grandes empresas y el ejemplo
de raras virtudes. Prueba de ello es Fernando de Aragón, actual rey de
España, a quien casi puede llamarse príncipe nuevo, pues de rey sin
importancia se ha convertido en el primer monarca de la cristiandad. Sus
obras, como puede comprobarlo quien las examine, han sido todas grandes, y
algunas extraordinarias. En los comienzos de su reinado tomó por asalto a
Granada, punto de partida de sus conquistas. Hizo la guerra cuando estaba en
paz con los vecinos, y, sabiendo que nadie se opondría, distrajo con ella la
atención de los nobles de Castilla, que, pensando en esa guerra, no pensaban
en cambios políticos, y por este medio adquirió autoridad y reputación sobre
ellos y sin que ellos se diesen cuenta. Con dinero del pueblo y de la
Iglesia pudo mantener sus ejércitos, a los que templó en aquella larga
guerra y que tanto lo honraron después. Más tarde, para poder iniciar
empresas de mayor envergadura, se entregó, sirviéndose siempre de la
iglesia, a una piadosa persecución y despojó y expulsó de su reino a los
“marranos”. No puede haber ejemplo más admirable y maravilloso. Con el mismo
pretexto invadió el África, llevó a cabo la campaña de Italia y últimamente
atacó a Francia, porque siempre meditó y realizó hazañas extraordinarias que
provocaron el constante estupor de los súbditos y mantuvieron su pensamiento
ocupado por entero en
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