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infancia te educaron en la matanza? Durante veinte años la fortuna de tu
crueldad te acompañará con sus favores, y por todas partes ofrecerá a tus
ojos tan dulce espectáculo; contemplarasle alrededor del Trasimeno y de
Cannas, y después en torno de tu Cartago. En otro tiempo, bajo el divino
Augusto, Voleso, procónsul del Asia, después de hacer perecer bajo el hacha
en un solo día trescientas personas, paseando regocijado en medio de los
cadáveres, como si hubiese realizado algo grande y notable, exclamó en
griego: «¡Oh regia acción!?¿Qué hubiese hecho siendo rey? No fue aquello
ira, sino un mal mayor y más incurable...(3)
VI. «Dícese que así como la virtud es propicia a las acciones
honestas, así también debe irritarse contra las vergonzosas. ¿Por qué no
añaden que la virtud debe ser a la vez baja y sublime? Esto es precisamente
lo que dice el que quiere ensalzarla y rebajarla al mismo tiempo; porque el
placer de contemplar una buena acción tiene algo de grande y levantado, y la
ira por delito ajeno arranca de corazón bajo y estrecho. Nunca descenderá la
virtud hasta imitar los vicios que combate: esforzárase principalmente en
reprimir la ira, que nunca es mejor, y con frecuencia es peor, que los
vicios que la irritan. Propias y naturales son de la virtud la alegría y
satisfacción; la ira es inferior a su dignidad, de la misma manera que la
tristeza, y la tristeza es compañera de la ira, y en ella cae, sea después
del arrepentimiento sea después del fracaso. Si es propio del sabio
irritarse contra las faltas, tanto más se
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irritara cuanto mayores sean, y se irritara con frecuencia; de lo que se
sigue que el sabio será no solamente un hombre irritado, sino irascible. Y
si no creemos que en el ánimo del sabio deba encontrar acceso ira profunda
ni ira frecuente, ¿por qué no librarle completa-mente de esta pasión?
porque, lo repito, no puede tener límite alguno si ha de irritarse por los
actos de cada cual. El sabio habrá de ser injusto si se irrita igualmente
con delitos desiguales, o muy irascible sí se irrita cada que un crimen
merezca su ira. Ahora bien: ¿qué cosa más indigna que hacer depender de la
malicia ajena los sentimientos del sabio? Ni Sócrates podrá volver a casa
con el mismo semblante que salió.
VII. Además, si el sabio debiera irritarse contra las acciones
vergonzosas, si debiera conmoverse y entristecerse por todas las maldades,
nada habría más amargo que la sabiduría: toda su vida pasaría entre la ira y
la tristeza. ¿Habrá algún momento en que el sabio no vea cosas censurables?
Siempre que salga de su casa tendrá que atravesar entre multitud de
malvados, avaros, pródigo libertinos, contentos todos con sus vicios: en
ningún parte fijará los ojos sin encontrar algo que les indigne. No podrá
bastar él solo si ha de ejercitar su ira siempre que las circunstancias lo
exijan. Esos millares de litigantes que desde el amanecer corren al Foro,
¿qué infames procesos promueven, y por medio de qué abogados más infames
aún? Uno acusa los rigores paternales como si no fuese bastante haberlos
merecido; otro pleitea contra su madre; éste se hace delator de un |
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