|
y a quien el pueblo no odie, no puede ser atacado; pero si lo fuese, el
atacante se vería obligado a retirarse sin gloria, porque son tan variables
las cosas de este mundo que es imposible que alguien permanezca con sus
ejércitos un año sitiando ociosamente una ciudad. Y al que me pregunte si el
pueblo tendría paciencia, y el largo asedio y su propio interés no le harán
olvidar al príncipe, contesto que un príncipe poderoso y valiente superará
siempre estas dificultades, ya dando esperanzas a sus súbditos de que el mal
no durará mucho, ya infundiéndoles terror con la amenaza de las vejaciones
del enemigo, o ya asegurándose diestramente de los que le parezcan demasiado
osados. Añadiremos a esto que es muy probable que el enemigo devaste y
saquee la comarca a su llegada, que es cuando los ánimos están mis caldeados
y más dispuestos a la defensa; momento propicio para imponerse, porque,
pasados algunos días, cuando los ánimos se hayan enfriado, los daños estarán
hechos, las desgracias se habrán sufrido y no quedará ya remedio alguno. Los
súbditos so unen por ello más estrechamente a su príncipe, como si el haber
sido incendiadas sus casas y devastadas sus posesiones en defensa del señor
obligará a éste a protegerlos. Está en la naturaleza de los hombres el
quedar reconocidos lo mismo por los beneficios que hacen que por los que
reciben. De donde, si se considera bien todo, no será difícil a un príncipe
sabio mantener firme el ánimo de sus ciudadanos durante el asedio, siempre y
cuando no carezcan de víveres ni de medios de la defensa. |
Capitulo XI
DE LOS PRINCIPADOS ECLESIÁSTICOS
Sólo nos resta discurrir sobre los principados eclesiásticos, respecto a los
cuales todas las dificultades existen antes de poseerlos, pues se adquieren
o por valor o por suerte, y se conservan sin el uno ni la otra, dado que se
apoyan en antiguas instituciones religiosas que son tan potentes y de tal
calidad, que mantienen a sus príncipes en el poder sea cual fuere el modo en
que éstos procedan y vivan.
Estos son los únicos que tienen Estados y no los defienden; súbditos, y no
los gobiernan. Y los Estados, a pesar de hallarse indefensos, no les son
arrebatados, y los súbditos, a pasar de carecer de gobierno, no se
preocupan, ni piensan, ni podrían sustraerse a su soberanía. Son, por
consiguiente, los (únicos principados seguros y felices. Pero como están
regidos por leyes superiores, inasequibles a la mente humana, y como han
sido inspirados por el Señor, sería oficio de hombre presuntuoso y temerario
el pretender hablar de ellos. Sin embargo, si alguien me preguntase a qué se
debe que la Iglesia haya llegado a adquirir tanto poder temporal, ya que
antes de Alejandro, no só1o las potencias italianas, sino hasta los nobles y
señores de menor importancia respetaban muy poco su fuerza temporal,
mientras que ahora ha hecho temblar a un rey de Francia y aun pudo arrojarlo
de Italia, y ha arruinado a los venecianos, no consideraría inútil recordar
las circunstancias, aunque sean bastante conocidas. |
 |