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ministerios  serviles; con lo cual, levantando en alto el sobrecejo, venís a caer en lo mismo que los demás, y sólo mudáis los nombres a las cosas. Lo mismo sospecho que sucede en lo que decís, que el sabio no puede recibir injuria ni afrenta; proposición hermosa y magnífica a las primeras apariencias.  Mucha diferencia hay en que el sabio no tenga indignación, a que no reciba  injuria. Si me decís que la sufrirá con gallardía de ánimo, eso no es cosa particular, antes viene a ser muy vulgar, por ser paciencia que se aprende con la continuación de recibir injurias. Pero si me decís que no puede recibir injuria, y en esto pretendéis decir que nadie puede intentar hacérsela, dígoos que dejando todos mis negocios me hago luego estoico.»  Yo no determiné adornar al sabio con honores imaginarios de palabras, sino ponerle en tal lugar, donde ninguna injuria se permite. ¿Será esto por ventura porque no hay quien provoque y tiente al sabio? En la naturaleza  no hay cosa tan sagrada a quien no acometa algún sacrilegio; pero no por  eso dejan de estar en gran altura las divinas, aunque hay quien sin haber  de hacer mella en ellas, acomete a ofender la grandeza superior a sus  fuerzas. Yo no llamo invulnerable a lo que se puede herir, sino a lo que  no se puede ofender. Daréte con un ejemplo a conocer al sabio. ¿Puédese  dudar de que las fuerzas no vencidas son más ciertas que las no  experimentadas, pues éstas son dudosas, y las acostumbradas a vencer constituyen una indubitable firmeza? En esta misma forma juzga tú por de  mejor calidad al sabio a quien no ofende la injuria, que al que nunca se le hizo. Yo llamaré varón fuerte aquel a quien no rinden las guerras, ni  le atemorizan las levantadas armas de su enemigo; y no daré este apellido  al que entre perezosos pueblos goza descansado ocio. El sabio es a quien

ningunas injurias ofenden; y así no importa que le tiren muchas flechas,  porque tiene impenetrable el pecho, al modo que hay muchas piedras cuya dureza no se vence con el hierro; y el diamante ni puede cortarse, herirse ni mellarse, antes rechaza todo lo que voluntariamente se le opone; y al  modo que hay algunas cosas que no se consumen con el fuego, antes  conservan su vigor y naturaleza en medio de las llamas; y al modo que los  altos escollos quebrantan la furia del mar, sin que en ellos se vean  indicios de la crueldad con que son azotados de las olas; de esta misma  suerte, el ánimo del varón sabio, estando firme y sólido, y prevenido de  sus fuerzas, estará seguro de las injurias como las cosas que hemos  referido.

 

 Capítulo IV

 

¿Faltará por ventura alguno que intente hacer injuria al sabio?  -Intentarálo, pero no llegará a conseguirlo: porque le hallará con tal  distancia apartado del contacto de las cosas inferiores, que ninguna  fuerza dañosa podrá alcanzar hasta donde él está. Cuando los poderosos  levantados por su imperio, y los que están validos por el consentimiento  de los que se les humillan intentaren dañar al sabio, quedarán sus  acometimientos tan sin fuerza como aquellas cosas que con arco o ballesta  se tiran en alto, que aunque tal vez se pierden de vista, vuelven abajo  sin tocar en el cielo. ¿Piensas que aquel ignorante rey, que con la  muchedumbre de saetas oscureció el día, llegó con alguna a ofender al Sol,  o que habiendo echado muchas cadenas en el mar, pudo prender a Neptuno? De  la manera que las cosas divinas están exentas de las manos de los hombres,  sin que la divinidad reciba lesión de aquellos que ponen fuego a sus  templos, ni de los

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