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lo vulgar y usado se levanta más alto con un sagrado instinto, porque entonces con boca de hombre canta alguna cosa superior. Mientras una persona está en sí, no se  le puede ofrecer pensamiento sublime, y puesto en altura, conviene que se  aparte de lo acostumbrado y que se levante, y que tascando el freno arrebate al caballero que le guía, llevándole hasta donde él no se  atrevería a correr. Con esto tienes, oh carísimo Sereno, las cosas que  pueden defender la tranquilidad, las que la pueden restituir y las que  pueden resistir a los vicios que se quieren introducir. Pero conviene  sepas que ninguna de estas cosas es suficiente a los que han de guardar  una tan débil, si no es que al ánimo que va a caer le cerque un continuo y  asistente cuidado.

 

Libro cuarto: De la constancia del sabio y que en él no puede caer injuria

 

A Sereno

 

Capítulo I

 

No sin razón me atreveré a decir, oh amigo Sereno, que entre los  filósofos estoicos y los demás profesores de la sabiduría hay la  diferencia que entre los hombres y las mujeres; porque aunque los unos y los otros tratan de lo concerniente a la comunicación y compañía de la  vida, los unos nacieron para imperar y los otros para obedecer. Los demás  sabios son como los médicos domésticos y caseros, que aplican a los  cuerpos medicamentos suaves y blandos, no curando como conviene, sino como  les es permitido. Los estoicos, habiendo entrado en varonil camino, no  cuidan de que parezca ameno a los que han de caminar por él, tratan sólo de librarlos con toda presteza de los vicios, colocándolos en aquel alto  monte que de tal manera está encumbrado y seguro, que no sólo no alcanzan a él las flechas de la fortuna, sino que aun les está superior. Los  caminos a que somos llamados son arduos y fragosos, que en los llanos no  hay cosa eminente; pero tras todo eso, no son tan despeñaderos como muchos  piensan. Solas las entradas son pedregosas y ásperas, y que parece están sin senda, al modo que sucede a los que de lejos miran las montañas, que se les representan ya quebradas y ya unidas, porque la distancia larga  engaña fácilmente la vista; pero en llegando más cerca, todo aquello que  el engaño de los ojos había juzgado

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