instruyen con su virtud los ánimos, y los que detienen y desvían a los que
se precipitaban a las riquezas y demasías. Y si de todo punto no lo
consiguen, por lo menos los retardan. Los que esto hacen, aun estando
retirados, tratan el negocio público. ¿Por ventura hace más el corregidor y
juez, que entre los vecinos y forasteros pronuncia las sentencias
comunicadas con su asesor, que el que retirado enseña qué cosa es justicia,
piedad, paciencia, fortaleza, desprecio de la muerte, conocimiento de los
dioses y, finalmente, el gran bien que consiste en tener buena conciencia?
Luego si gastares el tiempo en los estudios, aunque te apartes de los
oficios, no será desampararlos ni faltar a tu obligación, pues no sólo
milita el que en la campaña está defendiendo el lado derecho o siniestro,
sino también el que guarda las puertas, y el que asiste haciendo centinela
en la plaza de armas, porque aunque este puesto es menos peligroso, no es
menos cuidadoso; y así, aunque estos cuidados tienen menos de sangrientos,
entran a gozar de los estipendios y sueldos. Si te retirares a tus estudios
y dejares todo el cansancio de la vida, no vendrás a codiciar la noche por
el fastidio del día, ni te cansarás de ti mismo, ni a otros serás enfadoso.
Llevarás muchos a tu amistad, y te irán a buscar todos los hombres de bien:
porque aunque la virtud esté en lugar oscuro, jamás se esconde: antes
siempre da señales de sí, y cualquiera que fuere digno de ella, la hallará
por las huellas. Pero si nos apartamos de la comunicación, y renunciamos el
trato de los hombres, viviendo solamente para nosotros, sucederá a esa
retirada una soledad, carecedora de todo buen estudio, y una falta de
ocupaciones, con que comenzaremos a plantar unos edificios, y a derribar
otros, a dividir el mar, a conducir sus aguas contra la dificultad de los
lugares, consumiendo mal
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el tiempo que nos dio la naturaleza para que le empleásemos bien. Unos
usamos de él con templanza y otros con prodigalidad: unos le gastamos en
tal forma que podemos dar razón, otros sin que nos queden reliquias de él,
por lo cual no hay cosa más torpe que ver un viejo de mucha edad que, para
probarlo, no tiene otro testimonio más que los años y las canas. Páreseme a
mí, oh carísimo Sereno, que Artemidoro se rindió con demasía a los tiempos,
y que con demasiada presteza huyó de ellos, porque yo no niego que tal vez
se ha de hacer retirada, pero ha de ser a paso lento, sin que el enemigo
lo entienda, conservando las banderas y la reputación militar. Los que con
las armas se entregan al enemigo, están más seguros y estimados: lo mismo
juzgo convenir a la virtud y a los amadores de ella, que si prevaleciere la
fortuna, y les atajare la facultad y posibilidad de hacer bien, no huyan
luego, ni volviendo las espaldas desarmados busquen donde esconderse,
siendo cierto que no hay lugar seguro ni exento de las persecuciones de la
fortuna. En tal caso entren con mayor denuedo en los negocios de la
república, buscando con buena elección algún ministerio en que puedan ser
útiles a su ciudad. El que no puede militar, aspire a honores civiles; si
ha de pasar vida privada, sea orador; si le imponen silencio, ayude a sus
ciudadanos con abogacía; si tiene peligro en los tribunales, muéstrese en
las casas, espectáculos y convites buen vecino, amigo fiel y templado
convidado; y en caso que le falten los ministerios de ciudadano, no le
falten los de hombres; y por esta razón, teniendo gallardía de ánimo, no
nos hemos encerrado en las murallas de una ciudad, antes hemos salido al
comercio de todo el orbe, juzgando por patria a todo el mundo, para dar con
esto más ancho campo a la virtud. Si no has podido
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