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y se la puso  en cuello flexible. Demás de esto, quiso resplandeciesen seis signos de  día y seis de noche, y ninguna cosa encubrió, para que por las que ofreció  a los ojos despertase deseos de las demás: que aunque no hemos visto  tantas como hay, nuestro entendimiento se abre camino investigando, y echa  fundamentos a la verdad, para que la averiguación pase de lo conocido a lo  no conocido, y entienda hay alguna cosa más antigua que el mundo, y de  dónde salieron estas estrellas, y el estado que tuvo el Universo antes que  las cosas fuesen separadas a sus sitios. ¿Cuál razón fue la que dividió  las cosas sumergidas y confusas? ¿Quién fue el que les señaló sitios para  que las pesadas bajasen por su propensión y las ligeras subiesen; si por  el mismo peso de los cuerpos hubo alguna superior fuerza que diese leyes a  las cosas; si es verdadera aquella doctrina que yo apruebo, que los  hombres son una parte de espíritu divino que, como centellas de lo  sagrado, bajaron a la Tierra saliendo de ajeno lugar? Nuestro pensamiento  penetra los alcázares del cielo; y sin contentarse con saber lo que se  alcanza con la vista, inquiere aquello que está fuera del mundo; si acaso  es alguna profunda anchura, o si está también encerrada en límites y  términos. Qué ser tienen los excluidos, si son sin forma y confusos, o si  gozan cada uno de sitio distinto; y si también aquellas cosas están por  ventura asignadas para alguna veneración, si están arrimadas a este mundo  o apartadas lejos de él, revolviéndose en parte vacía. Si son individuas  aquellas cosas por las cuales se ordena todo lo nacido y todo lo que ha de  nacer; si su materia es continua o mudable en todo; si son contrarios  entre sí los elementos, o sin hacerse repugnancia conspiran por diversas  causas. El que nació para investigar estas cosas, juzgue que no ha  recibido

mucho tiempo, aunque lo reserve todo para sí, sin consentir que  por facilidad o negligencia se le usurpe alguna parte, conservando sus  horas con toda avaricia: y aunque lo continúe hasta los últimos términos  de la edad humana, sin que la fortuna le desmorone alguna parte de lo que  la naturaleza le dio, con todo eso es el hombre con demasía mortal, para  poder llegar al conocimiento de las cosas inmortales. Yo vivo según la  naturaleza, si me entrego de todo punto a ella y si soy admirador y  reverenciador suyo; ella me mandó que atendiese a entrambas cosas, a obrar  y a estar desocupado para la contemplación; lo uno y lo otro hago, porque  la contemplación no puede subsistir sin acción. Pero dirás que conviene  averiguar si se le arrima por causa del deleite, sin pretender de ella más  que una continua contemplación, de la cual no se puede salir, porque es  muy dulce y tiene sus halagos. A esto te respondo que importa ver el ánimo  con que pasas la vida civil; si es para andar siempre inquieto, sin tomar  tiempo necesario para pasar la vista de las cosas humanas a las divinas,  no siendo digno de aprobación el apetecer las cosas sin ningún amor de las  virtudes y sacando desnudas las obras sin cultura del ingenio, porque  todas estas cosas deben mezclarse y unirse. De esta misma manera es la  virtud que, recostada en el ocio, es un imperfecto y flaco bien, que jamás  dio muestras de lo que aprendió. ¿Quién niega que debe aquél mostrar sus  aprovechamientos en las obras? Y no sólo ha de meditar lo que debe hacer,  sino que alguna vez ha de ejercitar las manos, reducir a ejecución lo que  meditó. Pero ¿qué diremos cuando la dilación no consiste en el sabio,  porque muchas veces, sin que falte agente, suelen faltar las cosas en que  ha de hacer: permitirás, por ventura, estarse consigo solo? ¿Con qué  ánimo se aparta el sabio al ocio, para que

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